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¿Qué es correr? Fríamente es un verbo que habla de la existencia de una acción. Es un deporte. Es la forma más cruel de tratar a tus rodillas porque el peso corporal se incrementa. Técnicamente es un proceso corporal coordinado que involucra una mecánica muy precisa de acuerdo al terreno, distancia, morfología y clima.
Pero… en realidad qué es correr para los que amamos hacerlo? Para responder esta pregunta tuve el sentimiento guardado durante un buen rato, le pregunte a varios de mis amigos corredores e hice varios sondeos entre la gente que corre y la que NO corre porque yo no podía sacar este sentimiento sola.

¿Por qué me costaba tanto expresarlo? Considero que me tardé tanto porque es una especie de amor al que no le he correspondido bien, o más bien es un amor tan profundo qué no tengo palabras claras para expresar en letras todo lo que me hace sentir.

Quería expresarlo antes de que acabara un buen año. Un año de muchas terapias, de invertir demasiado tiempo y dinero en mejorar para volver a mi GRAN AMOR. Nadie dijo que sería fácil pero tampoco me explicaron que sería una apuesta tan cara. Mi obsesión por correr no tiene que ver nada con “moditas”, llevo muchos años haciéndolo y quizás haciéndolo mal… Todos los buenos amores cobran factura cuando no sabes cómo quererlos con rectitud. Pero ¿Quién sabe correr o amar correctamente cuando solo se hace con el corazón? Solo los expertos saben los métodos exactos (y a veces también fallan).

En fin, ¿Qué es correr? ¿Por qué obsesiona tanto y exige cada vez más una mayor entrega? ¿Por qué lo amo al grado del sacrificio? Porque correr nos esquematiza la vida misma. Correr es el verbo ideal para representar el “vivir” en todas sus formas y conjugaciones. Vivir es existir, es sentir, son procesos, son etapas, es regla, son paradojas, son oportunidades, es tiempo, es fe, son actos, es enigma, son respuestas y preguntas, vivir es involucrar el TODO de cada quien. Vivir es la esencia de nuestra existencia y para vivir hay que hacer camino, hay que trazar rutas, objetivos, tiempos, voluntad, determinación y muchos otros sentimientos que culminan en “trascender”.

Para vivir nacimos, sin saber hacerlo, en el camino vamos mejorando y vamos adquiriendo los elementos necesarios para alcanzar la razón del vivir. Corres es la metáfora del vivir, es por eso que los corredores nos obsesionamos con ir más allá de caminar: correr/vivir.

La gente que no corre considera que correr es aburrido, solitario, cansado, innecesario o que estamos algo locos por ajustar nuestra vida a un estilo “corredor”. Pero regresando a la metáfora de vivir, recordemos que existir no es vivir, hay mucha gente que existe y no vive. Hay muchos que corren y lo hacen por innumerables motivos: por socializar, por salud, por obligación, por bajar de peso, o está esa categoría particular de los que lo hacemos porque es una pasión, un amor, un deleite y tratamos de darle sentido a todo lo que genera correr. Cada corredor tiene su razón para hacerlo, pero el común denominador genérico es la sensación que produce correr; todo un festín de procesos bioquímicos que se liberan en el cuerpo, la conexión con la mente (por eso no es solitario), el ambiente, la interacción espiritual y la satisfacción personal cada que terminas un objetivo (primero cotidiano y luego periódico).

Correr es lo más similar a volar con los pies en la tierra, vas sintiendo como pega el aire en tu rostro, el movimiento corporal en cada zancada, la vista de alrededor (de acuerdo al terreno), el esfuerzo por siempre dar un poquito más y la sensación de estar resolviendo algo (sin saber con exactitud).

Los corredores resolvemos los problemas, el dolor, las dudas, los miedos y los dilemas en la pista, en el asfalto, en la montaña, en la tierra o en cualquier terreno que nos permita No detenernos. Es entonces cuando vivir y correr se entrelazan, los dilemas se curan corriendo y dan “ese jale” para seguir viviendo a “tope”.

Cuando aprendes a correr contigo, a escuchar tu respiración, a sentir que las piernas ya no te dan, a escuchar los latidos de tu corazón, a percibir el golpeteo en el pecho, el sudor por todo tu cuerpo, el cansancio, la euforia y la combinación de todas las anteriores, es cuando entiendes “esos porqués de correr”. Correr es cuando existes tú contigo, es cuando tomas la vida para llevarla al mismo desafío que implica correr, o viceversa es cuando la vida te toma para mostrarte que correr te hará entender el desafío de vivir y vivir bien. Todo comienza cuando empiezas a ir más lejos, el camino te seduce por lo que siente el corazón al correr, porque le empiezas a dar mayor sentido a tus pies, por el deseo de sacar los sentimientos no resueltos, por convertir algunas lágrimas en sudor, por solidaridad con “el otro” (corredor) o porque el propio acto de correr te da un mensaje al llegar a la meta.

Y conforme pasa el tiempo, te vas enamorando más y más, buscas hacerlo mejor, anhelas dar zancadas más largas, mejores braceos, le vas dando besitos al piso (jeje), una mejor mecánica, abrir tu caja torácica y jalar todo el aire para que tu corazón bombé todo esa emoción más rápido.
Siempre he creído que los corredores guardamos tristes y fuertes historias, conforme a nuestro umbral del dolor es como vamos liberando todo ese cumulo de sentimientos no resueltos. Todo se resuelve en el camino, en el tiempo y en el sudor. Corremos para resolvernos, para envolvernos en nuevas expectativas y para sanarnos. Al término, al llegar a la meta, somos otros, somos los restaurados, los agradecidos, los felices, los intensos que buscarán más, más de eso que nos hace sentir tan bien.

La vida y el correr es compensar deficiencias emocionales, es llenar y vaciar, es empezar y terminar para ser otros. El corredor que inicia una carrera no es el mismo que aquel que la logra terminar. Es un renacer ante la vida porque al encontrarnos con nosotros mismos, con nuestros dolores, miedos y alegrías, comenzamos a vivir diferente. Correr es avanzar, es cambiar, es una transición constante con tu propio ser.

Hay diversas categorías de corredores: los que corren por dinero, los que corren por competencia, los que corren por deporte, los que corren por genética o herencia, los que corren por moda, los que corren y no deberían correr y los que corremos porque es el más alto estándar de vida al que pretendemos alcanzar. Correr es una oportunidad para mejorar “algo”. Pareciera que es una filosofía de vida de la libertad, de la trascendencia y de romper límites. Los corredores como todo adicto tienen el denominador de buscar romper esquemas, limites, reglas, leyes o estándares sociales. El corredor siempre quiere más, más para superar barreras, más para llegar a dónde casi nadie ha llegado y siempre más para “tronar esquemas”.

Y… ¿qué es correr?

Para mí, correr es la auténtica forma de alabar a Dios, a la vida, al universo… es la elección personal de quererme conocer y reconocer en la privacidad de los pasos, es la forma física de agradecer, es la comunión perfecta entre la naturaleza y la existencia, es la simbiosis con el entorno, es el medio para obtener la droga “endorfinas”. Correr es la imagen de la vida para nunca morir, porque cuando se conquista una cima las huellas permanecen para siempre, y en aquella eternidad estoy segura nos encontraremos las pisadas que dimos por vivir. Correr es vida y muerte. Correr es todo el viaje de la vida. Correr es lo que somos. Correr es el desplazamiento a la meta final. Eso, eso es correr…

Agradezco a todos los corredores que aportaron ideas para tratar de plasmar con brevedad y respeto, el amor que le tenemos a este deporte… Gracias por compartir conmigo la locura, adicción y pasión por correr. Que nuestros pasos sean escuchados hasta el último rincón de la tierra. Gracias absolutas.

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