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“Correr es tedioso!!!!”, este es un pensamiento habitual entre el alumnado. Sin embargo

es la manera más práctica, asequible, barata y fácil de mejorar nuestra forma física o

mantenerla. ¿Es posible lograr que la carrera se convierta en una actividad agradable,

apetecible y placentera?. A continuación se presentan algunas lecturas extraídas de

diversos libros, las cuales nos pueden ofrecer otras formas de plantearnos la carrera.

 

LA LIBERTAD DEL CORRER- LIDELL, L.; THOMAS, S.: “El cuerpo sensual”

Integral. Barcelona, 1989.

 

Los movimientos lentos, como los del Tai chi o el Kum Nye, no son la única manera de

llegar a la conciencia corporal. También puede alcanzarse practicando ejercicios más

dinámicos como correr, nadar, ir en bicicleta o esquiar, siempre y cuando los hagas con

la actitud correcta. Lo importante es considerar el ejercicio elegido como un medio para

explorar las capacidades del cuerpo y profundizar la relación con uno mismo, y no

como un reto o una medida autodisciplinaria. En otras palabras, se trata de no ser severo

contigo mismo y de moverte sin esfuerzo y sin afán de competir. El ejercicio debe ser

un placer, no una prueba de resistencia para comprobar la velocidad o la distancia de

que eres capaz.

 

Correr es una manera excelente de ponerte a tono con tu cuerpo. Correr es más que un

deporte: es una forma de meditar, una manera de conocerte a ti mismo. Correr es

moverse internamente para alcanzar la paz y la tranquilidad. Cuando corras siente la

tierra bajo tus pies y tu vínculo con ella. Puedes utilizar la visualización para controlar

mejor el proceso físico y mental y para ampliar tus horizontes. Puedes correr todo lo

que quieras y a la velocidad que prefieras.

 

Dar el primer paso para comenzar a “estar en forma” es lo más difícil, pero es posible

mantener las buenas intenciones del principio. Si dejas que tu cuerpo determine el tipo,

la velocidad, la frecuencia y la duración de la carrera, y descartas desde el primer día

cualquier expectativa sobre “cómo debo hacerlo”, descubrirás que algo en ti desea

echarse a correr. Correr con regularidad tiene muchos efectos positivos para la salud:

adelgaza, aumenta la fuerza y el tono muscular, fortalece el corazón, mejora la

circulación, beneficia a la piel y ayuda a dormir mejor. Es igualmente beneficioso para

la salud mental, espiritual y emocional. Por supuesto, correr puede ser duro, pero la

mayoría de las veces es divertido, un juego con el que disfrutar. Al cuerpo humano le

gusta moverse, bailar, viajar; correr te hará gozar de esa alegría intrínseca que todos

llevamos dentro, el placer de estar vivo y en movimiento.

 

En este capítulo encontrarás algunos consejos para encontrar tu propia manera de correr.

Con estos elementos básicos podrás comenzar con buen pié, evitar eventuales lesiones y

asumir una actitud y una disposición de ánimo que te permitirán disfrutar cada vez que

corras. Mientras leas este capítulo imagínate que ya te has puesto la ropa deportiva y

estás listo para salir, que haces los ejercicios para entrar en calor, que sales corriendo a

campo abierto y que experimentas nuevas sensaciones con la respiración, la

visualización y el enraizamiento. Piensa en lo que sentirás después de correr: los latidos

del corazón, el calor de las extremidades, el sudor de la piel. Repasa, tranquilamente

todas las dudas, los miedos y las excusas que tu mismo inventas para justificar que este

ejercicio no es eficaz para ti. Luego, después de ventilar todas las resistencias, vuelve a

leer el capítulo, imagínate otra vez que haces el precalentamiento y corres. Tú eres

quién crea la calidad de tus experiencias.

 

Disfruta corriendo con el cuerpo relajado, consciente de tu cuerpo y tus movimientos.

Entre zancada y zancada estarás en el aire, volando.

 

Antes de empezar

 

Correr, hacer footing y caminar son tres formas de llegar a la conciencia corporal pero

también son deportes, y su práctica requiere una preparación adecuada. Si tienes dudas

sobre las posibles consecuencias que pueda tener el correr en tu caso, consulta a tu

médico. Si no estás en óptimas condiciones físicas sigue las instrucciones de este

capítulo, pero cada vez que leas la palabra correr reemplázala por la palabra caminar.

 

De todas maneras, antes de echarte a correr siempre hay que caminar. Durante las

primeras semanas haz los ejercicios para entrar en calor, date un par de caminatas no

muy largas pero con paso enérgico y después haz los ejercicios de relajación. Más

adelante cuando caminar te resulte más fácil, prueba a hacer un poco de footing,

alternando correr y caminar durante breves intervalos. Por entonces ya podrás alternar

durante quince minutos el correr y caminar. Ve acortando poco a poco el tiempo que

pasas caminando, hasta que acabes por correr todo el rato. Recuerda que has de dejar

tiempo para vestirte, para los ejercicios de entrar en calor, para caminar/correr, y para

relajarte y ducharte. Si realmente quieres ponerte en forma tienes que correr al menos

tres veces por semana: lo ideal para la salud es correr entre tres y cinco veces por

semana. Por otra parte, es necesario que estés al menos un día de la semana sin correr.

 

Calentamiento

 

Entrar en calor ha de considerarse una parte integrante del correr, y es esencial para

evitar las lesiones. Cada vez que salgas a correr tienes que pasar diez buenos minutos

entrando en calor. Durante ese tiempo has de estirar los músculos y aumentar el flujo de

sangre hacia ellos, olvidarte de lo que estuvieras haciendo, prepararte a correr y ponerte

en la disposición de ánimo idónea para hacerlo. Cuando hagas los ejercicios de

estiramiento debes involucrar a tu mente y tus emociones en la misma medida que tu

cuerpo. Tienes que ser consciente de lo que entrar en calor y correr significan para ti en

ese momento. Si experimentas una actitud negativa o no tienes ganas, toma distancia

mentalmente y obsérvate sintiendo eso. Recuerda l interés y entusiasmo que sentías

cuando tomaste la decisión de salir a correr. Acuérdate de algún día en el que tuviste

una sensación particularmente agradable mientras corrías o después. No siempre

estamos inspirados, y todos tenemos días en que no nos apetece ni salir de la cama. Si

habías planeado correr pero te das cuenta de que no estás de humor para ello, hazte esta

pregunta: ¿prefiero quedarme con esta sensación, o llevar adelante mi intención de

correr? Decidas lo que decidas, ¡aprovéchalo al máximo!

 

 

Corriendo

 

La palabra “footing” a veces evoca una imagen de gran aburrimiento, pero no tiene por

qué ser así. Para disfrutar más cuando corres puedes introducir ciertas variantes. Por

ejemplo, variar la velocidad no sólo te da un mayor control, sino que es aún más

beneficioso para la salud. Prueba a empezar caminando rápidamente, luego pasa a un

trote ligero moviendo hombros y piernas. A continuación quizá te apetezca hacer un

poco de footing durante un rato para entrar en calor, con algunos sprints a distintas

velocidades para hacerlo más interesante. Siempre que te sientas cansado reduce la

velocidad a la de una caminata rápida.

 

Cómo encontrar tu propio ritmo.

 

Las personas que corren por primera vez suelen sentir rigidez en sus cuerpos por su falta

de confianza en sí mismos, o inconscientemente intentan imitar a algún corredor que

han visto. Sin embargo, si observas bien los movimientos de las personas que corren,

verás que cada una de ellas tiene su propio estilo y su propio paso. Fíjate como corre un

niño o un animal. Luego sal al campo, olvida todo lo que sabías o sentías acerca de

correr, y corre. Sal disparado, salta, brinca, haz cabriolas, corretea hacia atrás hacia

delante, en círculos. Corre por el puro placer de sentir que tu cuerpo se mueve, como

hacen los niños, las gacelas y los jaguares. Varía la longitud de las zancadas y las

maneras de utilizar los brazos a medida que cambias de ritmo. Cuando tengas más

resistencia y estés más acostumbrado puedes ir variando la marcha y los movimientos

de los brazos, aumentando así el placer de correr.

 

Correr sobre distintos terrenos y a distintas horas.

 

Planifica varios recorridos más cortos o más largos, por distintas zonas y terrenos. Tal

vez un día te apetezca subir corriendo una colina y al día siguiente prefieras correr el

doble de tiempo pero colina abajo. Haz alguna ruta por un campo de tierra compacta o

de hierba, y si es posible prueba a veces a correr descalzo por la playa. Quizás corras

mejor en un momento determinado del día pero te sientas mejor después de correr en

otro momento. Corre a diferentes horas antes de decidir cuál es la mejor para ti. No

olvides que también las rutas son distintas según la hora del día.

 

Enraizamiento, respiración y meditación.

 

Correr es una manera excelente de experimentar tu enraizamiento, de estar realmente en

la parte inferior del cuerpo y ser consciente de tu conexión con la tierra. Siente como el

impacto de cada zancada asciende por las piernas, la pelvis y la parte inferior de la

columna. Concéntrate en las sensaciones que te producen las distintas superficies por las

que corres. Trata de visualizar tu pelvis y tus caderas en movimiento. Utiliza la

respiración como mecanismo de control. Antes de empezar a correr, comprueba que

puedes respirar con el abdomen y caminar al mismo tiempo. Si te quedas sin aliento

cuando corres, seguramente estás corriendo demasiado rápido o durante demasiado

tiempo. La espiración ha de durar más tiempo que la aspiración, creando un ritmo

constante. Por ejemplo, la aspiración dura el tiempo de dar dos pasos, y la espiración

dura tres. Un tipo de meditación muy eficaz que puedes hacer mientras corres consiste

en contar cada respiración hasta llegar a cinco, y luego empezar otra vez desde uno.

También puedes meditar concentrándote en una parte de tu cuerpo: en tus pies en el

momento que pisan la tierra, o en el abdomen que se mueve con tu respiración.

Visualizar, o imaginar con cualquiera de los sentidos, puede hacerte más fácil el correr,

hacerte sentir más ligero y más veloz y ayudarte a alcanzar un estado más lúdico o

meditativo. Puedes poner en práctica las ideas siguientes, o inventarte las tuyas:

Para sentirte ligero y correr con más facilidad y sin esfuerzo, imagínate que desde atrás

una enorme ola te empuja suavemente hacia delante. Déjate llevar por ella: la ola te

empuja, te eleva, te transporta, te limpia, te refresca.

 

Imagínate que eres un punto pequeño y suave que se desplaza, plácidamente y sin

esfuerzo, hacia delante a través del espacio.

 

Siente que tus piernas son unos pistones de movimiento continuo, hechos con el metal

más resistente, transportándote incansablemente hacia delante.

 

Reponerse

 

Es muy importante que después de correr te tomes el tiempo necesario para recobrar el

aliento, devolver al cuerpo su ritmo normal y observar cómo te ha sentado interiormente

la experiencia. Emplea el tiempo de los estiramientos para prestar atención a tus

sentimientos y sensaciones. Observa tus músculos, la piel y la respiración, el corazón

que late y la temperatura elevada. Nota cualquier dolor o molestia que pueda haber, y sé

consciente de tu actitud, sensaciones y pensamientos. De nuevo, ten paciencia contigo

mismo y no te apresures. Recuerda que has de seguir respirando, dejando que tu peso se

atenga a la gravedad y relajando tantos músculos como puedas.

 

EL ARTE DE CORRER- COUTO, R.: “Deporte y medicina natural”.

 

Libsa. Madrid, 1993.

 

Alguien ha dicho que correr facilitó la posición erecta del hombre. Otros que el hombre

empezó a adoptar tal posición para pode huir. Lo que ya no pertenece al plano de las

hipótesis es que Occidente redescubre el arte de correr prácticamente en ese siglo.

Cuando se han demostrado las ventajas que sobre el organismo reportaba la práctica del

deporte, allá por los años 60, empezó a extenderse la idea de que correr era positivo para

la salud.

 

Más tarde, el Dr. Cooper desarrolló un programa de movimientos científicamente

estudiados para potenciar la salud de los astronautas de la NASA. A este programa se le

conocía con el nombre de “Aerobic”, ya que estos ejercicios se realizaban

aeróbicamente (o sea con suficiente presencia de oxígeno en el organismo).

Posteriormente, otros norteamericanos han difundido esta técnica, llegando así a

nuestros días aunque bastante distorsionada.

 

Hay que reconocer que ha sido muy positiva la irrupción de la carrera, pues de esta

forma muchas personas han conseguido movilizar sus músculos. Son numerosos los

beneficios del correr. Con el sudor se elimina gran cantidad de toxinas almacenadas y

residuos metabólicos. Se obtiene, asimismo, una mejora de la circulación general, sobre

todo a nivel de capilares. Y a largo plazo el metabolismo celular y basal adquiere una

mejoría general. Factores éstos que por sí solos fortalecen el organismo y lo previenen

de muchas enfermedades.

 

Dónde, cuándo y cómo correr

Primeramente hemos de cuidar mucho el lugar de la carrera. Correr en las ciudades es

muchas veces peligroso. Debemos saber que el monóxido de carbono producido por los

automóviles es veneno puro para el corredor urbano. Este gas que se fija en la

hemoglobina de la sangre con más fuerza aún que el oxígeno, se mantiene durante

mucho tiempo, entorpeciendo a éste y provocando una intoxicación cerebral lenta pero

tremendamente destructiva. Por consiguiente las grandes ciudades no son precisamente

el emplazamiento ideal para practicar carreras.

 

Si nos fuera posible correr por el campo o la playa sería ideal. Por la playa podemos

hacerlo descalzos. Es una de las prácticas que más agradece nuestro organismo y más

fortalece nuestro cuerpo. Si hemos de ir calzados, debemos llevar unas zapatillas

flexibles y acolchadas, ligeramente ajustadas al tobillo ya que de esta forma podemos

prevenir torceduras, sobre todo al principio, cuando no estamos acostumbrados a correr

por el campo.

 

Antes de iniciar cualquier carrera, es conveniente la práctica de algún ejercicio físico

suave, preferentemente de estiramiento de los músculos. La carrera irá aumentando en

el tiempo de forma progresiva, incrementando la distancia según la resistencia personal.

Todos mantenemos un instinto natural, cada vez, eso sí, más abotargado, que nos va

advirtiendo del cansancio o bienestar en la carrera. Debemos estar muy atentos a estos

avisos que son los auténticos medidores de nuestra capacidad física.

 

La respiración tiene gran importancia en la oxigenación de nuestro cuerpo. Respiremos

con profundidad. Hagamos ejercicio periódico de respiración antes y después de cada

carrera. Mantengamos esta norma haciendo respiraciones profundas durante el día.

 

El valor trascendental de la carrera

 

Correr, caminar, pasear, perderse en parques, bosques, praderas, conlleva confundirse

con la naturaleza, transformar nuestra mente y nuestro cuerpo en esa sensibilidad

extrema y pura que se mezcla en el sonido de las aguas, el viento y los pájaros,

poniéndonos en comunicación con lo más profundo de la naturaleza y su mensaje

trascendental.

 

Sólo viviendo esta comunicación se percibe su profundidad, resultando después difícil

poder prescindir de ésta.

 

CORRECAMINOS- LASTRA, T.: “La columna de andrópilis”

Arthax. Madrid, 1991.

 

Jugar

 

En cierta ocasión le preguntaron a Jack Foster cuál era su programa de entrenamiento

para haber conseguido una marca de 2 horas y 11 minutos, después de pasados los 40

años, y contestó: “Yo no me entreno nunca; salgo a correr todos los días y siento un

gran placer con ello”. Y añadió: “A mi no me molesta la perspectiva de correr en un

futuro próximo marathones en 2 horas 30 minutos o en 3 horas o más”.

 

No creo que exista una filosofía más acertada, en este deporte, que la expuesta por

Foster; es más, yo añadiría que todo aquel corredor que centre la práctica del correr en

el binomio del entrenamiento y la competición, como único y principal objetivo, está en

el mejor camino para llegar al abandono y las malas marcas.

 

Entre todas las manifestaciones del correr, ninguna será más placentera y gratificante

que el entrenamiento compartido con amigos corredores, en plena naturaleza.

Entrenamientos exentos de competitividad, relajados y a ritmos soportables,

acompañados sólo por el rumor de las pisadas y las conversaciones.

 

Valoremos esto y sigamos jugando así, porque sin darnos cuenta hemos ido cayendo en

manos del peor enemigo que podíamos imaginar: comenzamos a correr crispados;

intoxicados por la competencia o en servidumbre de metas o marcas irrealizables,

esclavos de planes de entrenamiento cercanos a los trabajos forzados. Los

entrenamientos alegras y armoniosos, agradablemente agotadores, comienzan a tornarse

en un palenque de cruentas refriegas, en una exposición personal de marcas y jerarquías,

con el único fin de proclamarles a nuestros compañeros que estamos en en escalafón

superior; e inmersos en esa guerra fría y solapada, el encanto del juego compartido se va

transformando irremediablemente en estúpidos enconos, que se alejan cada vez más de

los verdaderos motivos que nos acercaron al juego del correr.

 

Retornemos a este juego, porque es conmovedora, cuando no ridícula, la actitud de

muchos corredores de los que se ha dado en llamar recreacionales o populares, que está

más próxima del profesional del atletismo, que de sus propias y reales condiciones.

No seamos ingenuos: no vamos a ser olímpicos, ni profesionales. Creo que el mercado

se ha inundado de planes que restan espontaneidad y libertad al corredor y que,

sobrellevados con los deberes profesionales, familiares y demás avatares diarios, sólo

nos llevarán a tensiones, agotamientos y cansancios.

 

No es que no sea partidario de las competiciones, sino que las mismas deben ser para

nosotros una meta secundaria, siempre en función de la principal que es el

mantenimiento de la forma, que debe ser el primer mandamiento del corredor. Acabar

una carrera habiendo conseguido una buena marca o clasificación es bueno para nuestra

vanidad, pero si tenemos que pagar por ello con dolores, bajas formas o postraciones

cercanas a la enfermedad, el triunfo deja de tener cualquier valor.

 

Además es cuestionable la elevación del nivel técnico del corredor popular a través de

planes, ciclos, macrociclos y demás galimatías. Andy Rodríguez, el Director Médico de

la Maratón de Nueva Cork y entrañable amigo, nos contaba que si el corredor no llega

precedido de un bagaje técnico de su época juvenil, accede al maratón con hábitos ya

adquiridos en cuanto a su estilo y forma de correr. Lo dijo muy expresivamente: “No se

puede hacer un buen cristiano de un moro viejo”.

 

Estilo

 

Aún sin lentillas y con las últimas luces de la tarde podría ser capaz de reconocer a un

corredor que, a cien metros, avanzara sobre mí. No lo reconocería por su fisonomía sino

por su particular forma de correr, por su personalidad dinámica: por el movimiento de

sus brazos, de su cabeza, o el compás de sus trancos, su identidad se proyecta de tal

forma en su correr que su estilo, bueno o malo, desde su niñez hasta el momento

presente, apenas ha podido ser modificado en el tránsito de miles de kilómetros o

cientos de competiciones es más, hasta un novicio en el deporte del correr advertirá, por

la forma de aterrizar el pié, si el corredor es fondista o velocista. Uno de mis

compañeros corredores, con algo más de dotes deductivas y espíritu observador, llega a

deducir, dentro del pelotón con el que habitualmente nos entrenamos, quienes son de

derechas y quienes son de izquierdas. (Qué cómo puede llegar a conocer su ideario

político, se preguntarán ustedes. Según el es algo elemental. Pero prefiero explicárselo a

ustedes después de las elecciones).

 

Uno corre como es y sube las cuestas como puede. Su estilo, su expresión corporal son,

en buena parte, hereditarios, en una pequeña aprendidos en la niñez y en una mínima

por las necesidades del entrenamiento o el consejo de los técnicos; y esos rasgos

personales, esa expresión corporal, determinarán su estilo irreversibleme nte.

 

En el pelotón prolifera toda una fauna de estilos: los hay que corren como si llevaran

“las botas de siete leguas”, a grandes zancadas; otros con pasitos cortos y los brazos

pegados al cuerpo, como muñecos a pilas; los que miran al suelo como penitentes y los

observadores de aves migratorias – estos inevitablemente te acaban sacando las

zapatillas – ; están los del más puro estilo balompédico, los jugadores de futbolín y los

conductores de velomotor incapaces de elevar o bajar los brazos; también están los

“tumbaítos”, que corren como cayéndose hacia delante, y tantos y tantos más.

Decía Ken Doherty, destacado escritor norteamericano en estas cuestiones, que lo más

sensato que podrían hacer los técnicos es dejar en paz los estilos y afanarse

exclusivamente en rentabilizar el adquirido por sus pupilos.

 

Hasta donde yo sé, a nadie le han dado premios, medallas o dinero por “correr bonito”;

la galería de grandes corredores de fondo estuvo y sigue estando llena de corredores con

estilos anárquicos: el gran Zátopek corría boxeando; Belayneh Densito y Juna Ikangaa

se pasan la marathon espantando moscas; y creo que es innecesario glosar aquí – por

conocidas – las hazañas del checo y los africanos.

 

Nadie es perfecto. Imitar un estilo es correr el peligro de no perfeccionar el propio; pero

si nos empecinamos en mejorar el nuestro elijamos el mejor modelo, el de los niños:

corren absolutamente libres, alegres, relajados; sobre ellos aún no pesan las mil

inhibiciones y frustraciones que han alejado al hombre adulto de una vida natural y

primitiva. El niño es el modelo del corredor inocente.

 

CORRER EN SANTANDER- GUTIÉRREZ, J.: Inédito

 

Nuestra ciudad es ideal para practicar la carrera placentera y saludable. Además existe

un buen calendario de carreras cercanas y clá sicas de cierto interés en las que se puede

participar, pero no es esto lo que vamos a tratar aquí. Una de las mejores características

que tiene Santander para calificarla como un lugar excelente para correr es sin duda su

clima… “¡pero que me dice oiga!”. Pues sí, eso digo, aquí generalmente no hace ni

demasiado frío, ni excesivo calor. Lo primero es peligroso para algunos tipos de

lesiones y para los catarros si te descuidas un poco en los estiramientos finales o

esperando demasiado a la ducha. Lo segundo es terrible por el sofoco y la

deshidratación que producen. Aquí sin embargo la mayoría de los días del año la

temperatura es moderada, ideal para correr, además en verano y en otras épocas,

aparecen días soleados en los que da gusto disfrutar del aire libre, mientras que en otras

ocasiones, algo de lluvia, el viento y las nubes hacen del correr una experiencia con

ciertos toques de aventura (endurecimiento), lo cual también tiene su encanto.

 

Personalmente sólo cuando la lluvia es gruesa y pesada, o el vie nto es casi un vendaval

procedente del sur, son las únicas ocasiones en las que puedo abstenerme de correr, o

bien buscarme un sitio más resguardado (como el pinar de Liencres, por ejemplo).

Ya que hablamos de lugares, podemos repasar los aquí disponibles. No me agrada

correr por el asfalto, así que lo evito, aún así reconozco que recorrer Reina Victoria

desde el Palacio de Festivales hasta el Chiqui, es un trayecto de gran belleza, además de

considerable duración, lo cual compensa el tipo de pavimento. Sin embargo, mis

preferencias son otras.

 

El Palacio de la Magdalena, por ejemplo, es un buen lugar, donde puedes además

encontrar compañía sin proponértelo, ya que abundan allí los corredores habituales y

esporádicos. Tienes la suerte de poder correr sobre hierba, de poder contar los

kilómetros si quieres, de poder correr en llano o incluir alguna cuesta en tu circuito, y

todo ello disfrutando del mar y las montañas, sin perros ni coches, ni cruces ni

transeúntes aglomerados, ¡ni humos!.

 

Si queremos cambiar de paisaje, manteniendo el nivel de belleza del mismo (mar,

acantilados…), pero deseamos variar el recorrido y aumentar la exigencia de nuestra

carrera, no tenemos más que desplazarnos a correr hasta Mataleñas (circuito exterior y

circuito interior). Allí hay cuestas, terreno muy variado, circuito interior medido, y

circuito exterior largo, en el que recorrer varios kilómetros sin aburrirnos. Todo ello

sintiendo el mar abierto en nuestra piel y en nuestros pulmones, ¡un privilegio!.

 

Por último, no podemos olvidar la oportunidad que la playa del Sardinero nos brinda

cada vez que la marea está algo baja. Aparte de poder correr por la arena, cerca de la

orilla observando las olas y cruzándonos con personas saludables que disfrutan de su

tiempo libre, podemos inc luso recrearnos en una experiencia a la que no todo el mundo

tiene acceso: correr descalzo por la arena húmeda. Por si fuera poco, haciendo bueno,

remojar las piernas en el agua fría del mar, después de correr, es además de una

sensación reconfortante, una buena medida para la recuperación muscular y la

prevención de inflamaciones.

 

Dime con quién corres…

 

Pues depende algunas veces sólo y otras acompañado. Desde luego que la compañía no

es una necesidad imprescindible para correr, ni mucho menos. Personalmente me

encanta correr solo. Tan sólo necesito un buen lugar. Durante la carrera, primero se me

pasa el tiempo encontrándome con mis sensaciones corporales, las cuales durante los

primeros minutos, además de entretenerme, me marcan el ritmo que inconscientemente

voy a llevar ese día. El paisaje, por otro lado, me mantiene también ocupado algo de

tiempo, ya que cada día aquí es diferente y el panorama varía mucho de unos días a

otros: el color del mar, el oleaje, las nubes, la luz, la hierba, si se ven o no las montañas,

si tienen nieve o no, etc. Así van transcurriendo los minutos, hasta que más tarde o más

temprano, empieza la “máquina del pensamiento”. Por la razón que sea, durante la

carrera, se estimula mi pensamiento, resuelvo problemas de todo tipo (informáticos,

gráficos, de planificación…), genero ideas innovadoras para mis asuntos más diversos,

o incluso reflexiono sobre mi propia vida y mis relaciones personales. Todo fluye de

manera ágil y natural, y así le ocurre a gran cantidad de corredores con un mínimo de

práctica y constancia en sus salidas a correr.

 

Sin embargo, cuando surge, tanto de manera espontánea como planificada, no hago

ascos a correr acompañado. Me encanta encontrarme en plena carrera con alguien

conocido y compartir algunos kilómetros juntos, es una excelente oportunidad para

charlar y ponerte al día con personas a las que no ves habitualmente. La carrera además

gracias a la demanda que plantea sobre la respiración, reparte muy bien los tiempos de

conversación entre las personas, favorece la escucha de los más charlatanes y evita que

los silencios prolongados resulten incómodos, ya que son de lo más natural y lógico.

Otras veces, especialmente si quiero completar una distancia sensiblemente más larga,

quedo con algún amigo de confianza y de ritmo cercano al mío. Esto permite acoplar la

marcha cómodamente y disponer de múltiples temas de conversación compartidos, que

se pueden abordar con tiempo, y sin prisas, de forma pausada, en función de la

tolerancia que el recorrido elegido permita.

 

¿Qué me pongo?

 

Guapo, guapa o al menos que te encuentres a gusto contigo mismo. Paso de marcas y

paso de modas. Las primeras son un puro negocio con el que el corredor no gana nada,

y las segundas son un sistema de dependencia, que además de limitar la libertad del

corredor, en ocasiones resulta irracional (como levar las zapatillas desatadas, correr con

botas de montaña, etc.). Lo más importante de todo, sin lugar a dudas es el calzado

(excepto cuando corremos descalzos por la playa). Hay que usar zapatillas de correr,

que son diferentes a las demás. Si se corre poco tiempo, pocas veces y además se es

joven, no es necesario, basta casi con cualquier zapatilla de deporte (no con zapatos de

moda que imitan a zapatillas de deporte). Pero si pretendemos correr bastante tiempo y

habitualmente, merece la pena comprar unas zapatillas de correr, cómodas y que en

ningún caso nos queden justas. Sobre modelos, ya es cuestión muy personal. Las hay

para pronadores o supinadores, con mayor o menor amortiguación, con suelas de mayor

o menor dibujo por si corres más por asfalto o por terreno natural (hasta las hay para

correr en la montaña). Los precios son muy variados al igual que los diseños, a igual

relación de calidad y precio, está bien elegir las que más nos gusten, esto nos motivará

un poco más para salir a correr. Un último consejo: huir de las zapatillas de competición

más caras, suelen ser ultraligeras, a costa de perder cualidades de refuerzo, protección e

incluso amortiguación.

 

La ropa la podemos clasificar en dos categorías: calor o frío, aunque entre ambas el

abanico de posibilidades es amplio y cada uno tendrá que elegir en su momento, que se

pone. Para el calor basta un pantalón corto, una camiseta y unos calcetines. El pantalón

puede ser de muchos tipos (algodón, malla, sin ajustar…) a gusto de cada cual, pero que

nos resulte muy cómodo. La camiseta preferiblemente de algodón, salvo que vayamos a

pasar mucho tiempo con ella sudada después, en cuyo caso es mejor disponer de alguna

de tejido absorbente del sudor (aunque son más bien caras). Unos calcetines tobilleros

completan el equipo y evitan que se nos queden las marcas del moreno a media canilla.

 

Si hace frío habrá que sustituir el pantalón corto por una malla larga, añadir una

sudadera de manga larga y sustituir los calcetines cortos por otros que abriguen el talón

de Aquiles. Si llueve mucho, será mejor un chubasquero transpirable que la sudadera.

 

Correr es sano, correr puede ser muy agradable, correr puede ser entretenido y hasta

creativo. Correr no debería de ser una obligación, sino más bien una afición o una

costumbre saludable. Pero para algunas personas, si no cambian sus hábitos de vida

actuales, con el tiempo correr puede ser que se cubierta para ellos en una necesidad para

solucionar sus problemas de salud, lo cual sería bien triste

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