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 Es posible hacer comparaciones entre los varones y las mujeres, en algunos de los muchos determinantes del rendimiento deportivo. Entre éstos se encuentran los factores músculo-esqueléticos, la composición corporal, la potencia aeróbica, la termorregulación, aspectos biomecánicos, susceptibilidad a las lesiones, y capacidad para adaptarse biológicamente al entrenamiento de resistencia. A pesar de que pueden variar los valores medios entre varones y mujeres, podría haber una considerable superposición entre las tendencias de distribución.  Fuerza muscular En general, se acepta que las mujeres tienen casi dos tercios de la fuerza de los hombres. Esta fracción varía de acuerdo al uso regular del grupo muscular en cuestión, siendo mayor en las piernas y menor en los brazos. Sin embargo, la principal diferencia en la fuerza se debe al mayor tamaño corporal de los hombres. Aún existen diferencias en los músculos pectorales, del tronco, hombros y brazos, presumiblemente por su mayor uso en las actividades habituales y laborales por parte de los hombres. Máximo consumo de oxigeno Este valor representa una función de todo el organismo que depende de la capacidad pulmonar, transporte de oxígeno en la sangre, volúmen minuto cardíaco, circulación periférica y metabolismo muscular. Debido a su gran tamaño corporal, los hombres tienden a tener los pulmones y el corazón más grandes que las mujeres, y mayores volúmenes sanguíneos. Las diferencias por sexo, es del 50 % . La concentración normal de hemoglobina es de casi 14.6 mg/dl en varones, pero casi 2 mg/dl menor en mujeres. Este hecho coloca a las mujeres en desventaja, ya que una menor cantidad de oxígeno es transportada a los músculos activos, durante ejercicios intensos. Termorregulación Durante muchos años se supuso que el sistema termorregulatorio en las mujeres no tenía tanta capacidad para soportar el «golpe de calor» como el de los hombres. Esto se basó en los resultados de experimentos que comparaban las respuestas térmicas de hombres y mujeres a una carga de calor, impuesta por una intensidad prefijada de ejercicio. Los experimentos ignoraron el hecho que el esfuerzo térmico asociado con el ejercicio depende de la tasa relativa de esfuerzo. Algunos trabajos utilizaron mujeres que no estaban tan bien entrenadas como los varones, o que no estaban tan aclimatadas al calor. Los experimentos que controlan la tasa relativa de esfuerzo, el nivel de entrenamiento, y el grado de aclimatación al calor, observan que las mujeres pueden soportar el «golpe de calor» tan bien como sus colegas varones: Las corredoras mujeres podrían estar en ventaja en ambientes fríos. Los mayores depósitos de tejido adiposo ubicados subcutáneamente aumentan el aislamiento del cuerpo contra el frío. Los varones podrían compensar el riesgo de hipotermia eligiendo ropas adecuadas, cuando se sale a correr en el frío. Diferencias anatómicas Existen diferencias sexuales en la estructura anatómica que influyen en la carrera. La pelvis de la mujer es proporcionalmente más ancha que la del hombre, y también difiere el «ángulo Q», entre la pelvis y el fémur. Se sugirió que este detalle produce problemas de rodilla en las corredoras de fondo, ya que el fémur se inclina para adentro hacia las rodillas. Sin embargo, nuestros datos sobre lesiones en corredores de fondo varones y mujeres, largamente muestran distribuciones regionales similares, produciéndose la mayor cantidad de lesiones en la parte inferior de la pierna en ambos sexos. Otras diferencias antropométricas alteran los mecanismos de carrera. La pelvis de la mujer está más inclinada hacia adelante que la del hombre, y como resultado aumenta en dirección hacia adelante la curvatura de la columna lumbar. Las mujeres tienen piernas relativamente más cortas que los hombres y, por lo tanto, un centro de gravedad más bajo. Ellas tienen más grasa, particularmente alrededor de las caderas y tienen hombros menos anchos. También tienden a tener mayor flexibilidad articular. Estas y otras diferencias estructurales se combinan para producir un estilo diferente de carrera que los hombres. Los entrenadores deberían reconocer estas diferencias y evitar imponer a las corredoras, estilos que son más apropiados para los hombres. Fuente: www.sobreentrenamiento.com

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